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El senador Juan Zepeda propuso modificar la Ley General de Salud y el Código Penal Federal, para que el cáñamo no sea considerado como estupefaciente y que su siembra, cultivo, cosecha, transporte y comercialización no sean penalizados cuando esas actividades se realicen con fines médicos, científicos, industriales y comerciales. 

A través de una iniciativa con proyecto de decreto, el legislador de Movimiento Ciudadano (MC) planteó que tampoco se castigue a productores de la planta cuando su contenido de tetrahidrocannabinol (sustancia psicoactiva) sea menor o igual a 0.5 por ciento y sea verificada por la Comisión Federal para la Protección de Riesgos Sanitarios (Cofepris). 

El órgano regulador certificará los productos médicos, industriales y científicos que con él se desarrollen y se comercialicen a través del Reglamento de Control Sanitario de Productos y Servicios, precisó.

Explicó que el cáñamo es una planta sin efectos psicoactivos como la mariguana, con flores de color verdoso, hojas opuestas y un tallo hueco que puede extenderse cerca de dos metros, del cual existen diversas variedades en el mundo. 

El legislador mexiquense recordó que en 1937, en Estados Unidos prohibieron su uso con el objetivo de favorecer el cultivo del algodón, un veto que se extendió por el mundo y, luego, la ONU lo incluyó en el listado de sustancias estupefacientes o prohíbidas en la Convención de 1961, la cual sigue vigente en casi todo el mundo. 

En 1964, continuó, se descubrió que el cáñamo contiene un mínimo porcentaje de Tetrahidrocannabinol (THC), un cannabinoide responsable de efectos psicoactivos pero en menor grado que el cannabis. 

Aseguró que la planta no contiene más de un 0.5% de THC, e incluso dicho porcentaje puede ser mucho más bajo; pero bajo este argumento se prohibió totalmente su uso en 1968. Veinte años después, científicos franceses lograron disminuir el contenido de esa sustancia psicoactiva a 0.3 por ciento y se autorizó su cultivo en los países europeos para la elaboración de alimentos, telas y materiales de construcción. 

Su cultivo, destacó, conlleva beneficios para el medio ambiente como la protección del suelo contra la erosión y de él se obtienen tres materias primas: semillas, fibra y pulpa. La fibra es resistente, suave, aislante y absorbente y se emplea en la confección de ropa, redes, cuerdas, entre otros. La pulpa se utiliza en el diseño de celulosa y papel. Las semillas para hacer cosméticos, alimentos, bioplásticos, lubricantes y biocombustibles, explicó. 

Señaló que en países con regulaciones muy estrictas contra la marihuana, pero que desde 2018 han permitido la siembra de cáñamo y el desarrollo de su industria, como China y Rusia, ven ahora ganancias en la elaboración de alimentos derivados de esta planta con un valor aproximado a 137 millones de dólares anuales. Con su industrialización se fabrican más de 25 mil productos en diversos países, apuntó. 

Aseguró que este cultivo generaría mayores inversiones y tendría un impacto real en nuestra economía que se ha visto severamente afectada por la pandemia del Covid-19. 

La propuesta fue turnada, para estudio y dictamen, a las Comisiones Unidas de Justicia, de Salud y de Estudios Legislativos, Segunda; con opinión de la Comisión de Seguridad Pública. 

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