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He seguido la carrera política de Andrés Manuel López Obrador desde el inicio del año 1992 y, coincidiendo ahora con usted, le puedo exponer la convicción de que dedicó su vida a una sola obra:

            El Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador.

            Hay unos cinco o seis libros que llevan su nombre como autor, pero él solo habría escrito uno.

            Como jefe de gobierno de la Ciudad de México, su administración construyó millares de obras y emitió otros millares de documentos sobre otros tantos temas y asuntos, pero no se debe a su pluma un solo artículo que haya difundido un medio de comunicación.

            AMLO es un político de la cabeza a los pies y viceversa y en ese terreno, como lo ha demostrado ya de sobra, difícilmente habrá quien le gane.

            Por ello he leído con gusto, con pasmo, con total interés y con mucho respeto el artículo de su autoría que encontré ayer en una red social, titulado AMLO: lo que decidió ser, del que tomo unos párrafos para invitar a mis lectores a buscarlo y, literalmente,  absorberlo:

            “Resulta sorprendente (por llamarlo de alguna manera) el nivel de desperdicio del Presidente López al dilapidar el bono democrático con el que llegó al poder.

“Me explico:

AMLO PUDO SER un constructor del futuro, pero DECIDIÓ SER un destructor del pasado y del presente. Arrasó con importantísimas obras e instituciones públicas sin reparo alguno. Tenía que demostrar, como pandillero, quién manda en el barrio. El futuro, según su visión, puede esperar. Para él, lo importante no es el aeropuerto; tampoco la refinería de Dos Bocas o el Tren Maya. Lo trascendente para él es que se haga su voluntad. Así de simple y así de grave.

“El Presidente López PUDO SER un convocante a la concordia nacional, a la unidad de los mexicanos para construir las mejores causas comunes. Contrariamente, DECIDIÓ SER un permanente líder de la división entre mexicanos. La diatriba; la burla; la crítica mordaz; el insulto y las veladas amenazas han sido sus divisas discursivas con las que polariza constantemente a la sociedad mexicana…”

Pero por elemental lógica, maestro Graue, un jefe de Estado debe cumplir por delante con la obligación de construir obras, establecer instituciones y crear leyes, proyectos sociales, programas económicos y realizar oootra larga serie de funciones que el desarrollo de sus respectivos países demandan.  En su primer año y casi tres meses de gobierno existen ya, presidente López Obrador, algunas formas de cada una de actividades arriba enumeradas, pero el país está urgido de muchísimas más porque, lamentablemente, sus antecesores fueron parcos en cumplir sus tareas y súperproductivos en exprimir los recursos de las arcas nacionales.

En los próximos cuatro años usted seguirá escribiendo la obra de su gobierno, de manera que cuando termine, ya nadie podrá cambiar ni una coma de la herencia que nos deje y de todo ello, los ciudadanos habrán memorizado un número de obras a la medida de la memoria que cada uno alimentamos. Usted ha repetido sin descanso lo que quiere que sea su historia.

¿Va esa historia suya, personal, en consonancia con lo que usted prometió darle a Mexico?

¿Alcanzará a cumplir sus promesas?

¿Se apegará a ellas cada nuevo minuto que transcurra?

No olvide ni un instante, presidente, que las grabadoras y los videos mentales de todos los mexicanos también están guardando esa información…

Internet:  Lmendivil2010@gmail.com

Facebook: Leopoldo Mendívil

Twitter: @Lmendivil2015                       

Blog: leopoldomendivil.com

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